Prosa


La verdadera Creta, Leopoldo Orozco

Alrededor de las cuatro de la mañana, justo antes de que el cielo comenzara a mostrar las primeras nubes, alguien reportó haber encontrado, casi cubierto de matorrales y al lado de laSeguir leyendo

Disolución truncada, Victoria Marín

Aquí donde nadie me conoce, donde puedo caminar sin el nombre clavado en la frente, donde no soy más que nada, aquí soy, y desde este lugar me dirijo al océano, aquella boca inmensa que traga conSeguir leyendo

Asedio, por Monserrat Torres y Andrés Díaz Aguilar

Yo, Ágrafa, última pitonisa de los coloridos templos de Apolo, póstuma intérprete de los imbricados designios que arrancan olores a hierba calcinada, escribo esto. Afuera de nuestro columnado templo, los piadosos están prendiendo fuego al maderamen. Con mazos están destruyendo los cerúleos mármoles y con sogas precipitan las estatuas. Nosotras, las últimas, estamos encerradasSeguir leyendo

Espantapájaros, J. R. Spinoza

¿Quieres saber cómo terminé aquí? Fue a causa de los cuervos. ¡Vaya que son inteligentes! ¡No! ¡No me pongas esa cara! Esto sucedió antes de que nacieras… ¡Ven, pósate sobre mi hombro! Te contaré la historia. ¿Dónde estaba? Ah, sí… ¡Ustedes son muy listos!Seguir leyendo

Punto de cruz, Miguel Ángel Peña

El rebozo cuelga sobre mi cabeza, la tela me acaricia las mejillas húmedas; Mamita le bordó unas flores con punto de cruz y también mi nombre, pero Olvido intentó quitarle el nombre para que ella pueda usarlo.Seguir leyendo

El propio deseo, Aurea Ávila

En cada esquina que me paro, tengo de frente al mismo infierno. Nosotros fuimos quienes avivamos esas llamas; esto es lo que nos salvará, aunque ahora nos quememos y el calor sea tan fuerte que por la noche frescaSeguir leyendo

Webinario, por Héctor Manuel Tosca Soriano

Como en un sueño al tercer día participas. Una fiebre disertadora dibuja un auditorio remoto con rostros frente a las pantallas de las computadoras. Te sientes con una erudición que desemboca caudalosa en el mar deSeguir leyendo

Reconciliación, Jorge Meneses

Es tarde. Apresuro el paso. Tomo una calle desconocida porque mi bono de puntualidad está en riesgo. De golpe, me detengo frente a una puerta de madera cuyo diseño extravagante destaca del resto. Está entreabierta.Seguir leyendo