Sexto número

Todo lo que me nombra o me evoca: Rafael Vega Albela

El surgimiento de la revista Taller trajo consigo una extraordinaria renovación en las letras  mexicanas. Poetas como Octavio Paz, Efraín Huerta, Neftalí Beltrán y Alberto Quintero Álvarez serían los encargados de iniciar una nueva revolución en la poesía. Aunque bien se sabe que dos fueron los grandes maestros en dejar sendas escuelas, otros marcharon por caminos solitarios esperando que nuevas generaciones comprendieran la importancia de su obra. Casi todos los poetas han sido revalorados a través del tiempo; no obstante,  existen excepciones interesantes como la de Rafael Vega Albela quien fuera un poeta “debutante con éxito presente y futuro” (Huerta, 121).

La vida de un poeta llena de desgracia y dolor

Tres años antes que Rafael naciera, en 1910, ocurriría una de las primeras desgracias de su vida. Su padre poseía una fábrica de barnices, la cual se incendiaría dejando a la familia con grandes pérdidas económicas. Para continuar con la maldición, Rafael perdería a su madre después de darlo a luz  (el hermano de Rafael, Jacobo, en ocasiones le reprocharía esto). Después de esta muerte seguiría la del padre, llevando a los hermanos Vega a vivir con un tutor.

Sus primeras participaciones como poeta fueron en Letras de México en 1938, siendo  un año más tarde invitado a la revista Taller. Será en el sexto número donde se integre a la plantilla editorial con agrado de los miembros fundadores.

Ángel Gilberto Adame señala que la salud del poeta se había agravado  hasta tal punto que “… Lo había conducido a perder el control, a tener ideas autodestructivas y a extralimitarse en las críticas hacia sí mismo y hacia sus propios textos” (Adame, 16). Esperando que se recuperara  su hermano lo ingresa al hospital psiquiátrico “La Castañeda” en 1940.  Es curioso cómo a pesar de que su salud mental iba deteriorándose,  continuaba escribiendo con bastante lúcidez,  prueba de ello es el ensayo dedicado a la poesía del brasileño Jorge de Lima. En marzo de ese mismo año la anhelada recuperación  no se da todo, acaba en tragedia, con apenas veintisiete años, el poeta truca su existencia ahorcándose con su cinturón.

Rafael Vega Albela: El sueño y el amor

Jaime Labastida señala que en la poesía universal “El amor, el sueño y la muerte han sido temas constantes” (15). Donde cada poeta ha sabido reconstruirlos de acuerdo a sus inquietudes. En la poesía de Rafael Vega Albela existe una predominancia hacia el sueño y el amor, aclaro que no es un caso aislado, en realidad  todos los poetas mexicanos han frecuentado dichas temáticas; sin embargo, al tratarse de un poeta que nos abandonó de forma tan prematura es extraordinario que aquella experiencia conseguida por poetas al paso de los años, se manifieste en el caso de Rafael en poco tiempo.

Frente a la pregunta ¿De dónde surge o provienen los sueños?  Tenemos la  respuesta de Frédéric Gaussen  “…alojado tan profundamente en la intimidad de la conciencia que escapa a su propio creador, el sueño nos aparece como la expresión más secreta  de nosotros mismos” (1481). Secreto que no buscamos, que nace como Minerva  de lo profundo de nuestra mente, bien sabía esto Albela quien en su poema “Al sueño” [1] indica:

Yo no te busco sueño,

sino la muerte oscura

que nace a mi costado

en las orillas tiernas

de tu morir fingido. (Vega, 1-5)

Es inevitable sentir que estos versos nos presentan  al sueño como muerte efímera;  de ahí que  para el poeta mexicano el sueño también se vuelva  refugio donde no existe el mal físico “No hay dolor ni agonía/ En tus ondas serenas,/ sólo mudo reposo”  (6-8). El sueño-universo de Rafael es un lugar utópico donde la muerte no duele, aparece casi como una amiga de ahí que en sus versos encontremos “y para morir sin duelo/basta el sueño” (11-12).

En otro poema “Si con los pies hundidos en el sueño…” el deseo se vuelve uno de los ejes principales  donde el amante habrá de revelar  el cuerpo de la amada:

Si con los pies hundidos en el sueño

alzas los senos a la luz serena,

se deshacen los mares de mi pena,

 poseyendo tu imagen, soy tu dueño. (1-4)

Se vuelve evidente que el sueño elimina las posibilidades  creando  “realidades”, en este caso la pena se deshace al poseer a la amada. Este viaje es efímero y fragmentario; no obstante, en este acelerado traslado se logra concretar cosas que en la realidad no se podrían, como nos lo hace saber el poeta:

No conozco ya más el vano empeño

 de buscar tus pisadas en la arena,

 desnuda te descubro, tibia y plena,

 flotante entre mi sangre, dulce leño.  (5-8) 

Este poema puede servirnos para dar paso al siguiente tema: el amor. Según Paz este sentimiento “es intensidad; no nos regala la eternidad sino la vivacidad, ese minuto en el que se entre abren las puertas del tiempo y del espacio: aquí es allá y ahora es siempre.” (131) En la poesía de Albela parece haber un eco de esto, siendo preciso en “La de fértil cabellera”  donde la amada aparece de forma instantánea para abrir  las puertas de la eternidad: “Brotas como la espiga/ de mis párpados/ en el otoño de zumos espeso” (4-6). Aquí la intensidad amorosa evoca al  misterio, desconocemos quién es ese ser amado; no obstante esto importa poco lo que se ama no es un cuerpo, sino el alma “Eres de nuevo alma del río,/ como la sonora presencia de los ángeles” (9-10). Visto de este modo los versos de Rafael  no carecen de intensidad, al contrario, nos conducen por caminos insospechados como en el soneto “Lanza clavada del dolor más hondo…” Donde el poeta usa de forma formidable los recursos estilísticos como el  hipérbaton, la antítesis, la aliteración, la hipérbole, entre otros. También esto nos habla de un poeta maduro en cuanto a temáticas y estructuras. Es reconocible la influencia de los poetas Barrocos, tanto por la estructura como por los tópicos. Uno de estos es Ignis Amoris  o el amor como un fuego interior el cual se presenta a lo largo  del soneto. Percibimos que ese fuego queda reflejado en varios elementos como: la luz, los hierros, la cálida fuente y por supuesto el suave fuego:

Amor abrió la sombra fugitiva

A clara luz y mocedad dichosa,

Apartando con mano poderosa

Los hierros que a la sangre hacen cautiva.

Al corazón errante, a la deriva,

Trajo leve a mirar la luz hermosa,

Y con dulce aguijón su paso acosa,

Nutriéndole en su seno, porque viva. (1-8)

En los tercetos, encontramos la influencia directa de Quevedo, comparece los versos de “Amor constante más allá de la muerte”  con los siguientes:

¿Quién alcanzó tan armonioso estado

Que no advierta fluyendo entre sus venas

Cálida fuente, olvido a su cuidado?

Despierta suave el fuego enamorado

En el triste que vive entre sus penas

A tan sobrio alimento acostumbrado. (9-14)

Aquí en lugar de “polvo enamorado” queda el “fuego enamorado”. Mientras en el soneto de Quevedo la memoria es la que arde, en el poema de Albela son las venas las que alcanzan  la “cálida fuente”.

Vuelta a las formas tradicionales

Se vuelve curioso como Vega Albela inicia su trayectoria con poemas en verso libre y  la termina con formas tradicionales, ¿A qué se debía esto? Primero a la inmediata influencia tanto  de los Contemporáneos como de  los españoles de la generación del 27,  para finalizar  con los grandes poetas del Siglo de Oro. Albela no solo desea imitarlos, en su exploración termina por construir su  verdadera identidad  lírica ¿cuál? La de un poeta que se reconoce más cerca de Quevedo que de Huidobro, al que no le gusta el disloque sintáctico; sino la sintaxis lógica.

Según comprendo, su desarrollo se da en tres distintos momentos. Primero bajo la influencia de Carlos Pellicer, ya que en sus versos encontramos una plasticidad única, metáforas audaces e imágenes capaces de reinventar el mundo. Estas características, en menor medida, las podemos hallar en la poesía de Vega, para muestra habrá que citar  los  versos de “Fertilidad”:

Los húmedos odres de la noche

vuelcan caricias espesas

sobre las hijas de la selva

 nutridas en la raíz del vino. (1-4)

Es evidente que Rafael comparte con Pellicer ese deslumbramiento por  la naturaleza, la plenitud del tiempo  y, sobre todo, ese gozo por la vida: “Como una alegre ola conmovida/ ríos de brazos y sonrisas.” (18-19) 

La segunda influencia  es la poesía de Jorge Guillen. No únicamente porque en  ambos hay un interés por el verso corto  (en especial por el heptasílabo) también  recurren  a imágenes delicadas, por ejemplo el recuerdo, la fragilidad y la memoria. Comparece estas notas del poeta español:

La memoria, malla a malla,

me cubre armando su mundo.

Interior, mi noche calla.

En tu recuerdo me hundo. (Guillen 1-4)

Con las del poeta mexicano “Más aparto el recuerdo,/ más desnudo, memoria,/en tus recintos claros.” (Vega 1-3)

En este punto  me parece que no podemos dejar de mencionar un  solo influjo, aquí tendríamos que señalar un periodo en concreto: El Siglo de Oro. Poetas como Quevedo, Góngora,  y en mayor medida, Sor Juana Inés de La Cruz se vuelven sus autores de cabecera. En esta última etapa hace del soneto su principal instrumento poético, sobre esto Sheridan ha manifestado que por medio de dicha estrofa,  encontramos a un poeta educado. Cierto y podemos ir más allá diciendo que Albela  lograría alcanzar algo que ni Paz ni Quintero Álvarez obtendrían por aquellos años: adecuación de la forma  al contenido.  

La despedida del poeta

La muerte de Albela  caló en varios de sus contemporáneos, siendo el más afectado Octavio Paz quien en su momento declaró “El suicidio de Vega Albela, en marzo de 1940, me dolió mucho -era mi amigo desde la adolescencia- y me hizo dudar de los poderes de  salvación de la poesía” (Paz, México, 123).   

En el número X de Taller se le rendiría homenaje con el ensayo anónimo “La forma de las horas” el cual nos revela, como la trágica vida del hombre termina por fusionarse con su obra “Su obra tiene la misma significación que su vida. Ambas se confunden, porque fueron para él la misma cosa. Su única vida fue la de la poesía, de una poesía dolorosamente impregnada por su vida” (252).  

Coda final

Considerando  todo lo dicho,  podemos notar como  Rafael Vega  Albela  construyó su obra  entre el sueño y el amor. A pesar de su brevedad, el poeta pasó por tres etapas.  La primera nos muestra a un poeta joven vinculado a la vanguardia, siendo capaz de reinventar al mundo a través de la palabra. Después encontramos al poeta de la delicadeza, es aquí donde siente un ímpetu por las estructuras tradicionales, adoptando al heptasílabo polirrítmico para sus fines. Por último descubrimos al poeta  maduro, el cual regresa a las formas clásicas retomando algunos tópicos barrocos. Como lo describieron sus contemporáneos, Rafael Vega Albela fue un poeta en toda la extensión de la palabra, mostrando ante todo un extraordinario dominio poético con versos elegantes, llenos de nostalgia, pero  con una belleza única que lo diferencian de los demás.

Bibliografía

Adame, Ángel, G. “Cuatro olvidados en el Barandal”. Zona Paz. Web. 08 octubre 2020. <https://zonaoctaviopaz.com/detalle_conversacion/154/cuatro-olvidados-en-el-barandal/>.

Guillén, Jorge. Tréboles. Santander: La Isla de los Ratones, 1964. Impreso.

Huerta, Efraín. El otro Efraín. Antología Prosística. Ed. Carlos Ulises Mata. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2014. Electrónico.

Labastida, Jaime. El amor, el sueño y la muerte. Ciudad de México: Instituto Politécnico Nacional, 1969. Impreso.

La forma de las horas”. Taller. Marzo- Abril. 1940: 251- 252. Impreso.

Pascual Gay, Juan. “Rafael Vega Albela. Una existencia Vicaria”. Los raros. La escritura excluida. Coord. Ignacio Betancourt. San Luis Potosí: El Colegio de San Luis, 2010. Impreso.

Paz, Octavio. México en la obra de Octavio Paz. Generaciones y semblanzas. Escritores y letras de México. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1988. Impreso.

————–. La llama doble. Amor y erotismo. Barcelona: Seix Barral. Biblioteca Breve, 1993. Impreso.

“Sueño”. Diccionario de los símbolos.  1ra ed. 2000. Electrónico.

Vega Albela, Rafael. Poesía y prosa reunida. Ed. Ángel Gilberto Adame. Ciudad de México: Zona Paz A.C, 2020. Electrónico.


[1] Todos los poemas aquí citados, han sido tomados de Poesía y Prosa reunida. Rafael Vega Albela,  edición a cargo de Ángel Gilberto Adame.

Eder Elber van Fabián

(Ciudad de México, 1992) Licenciado en Letras Hispánicas por parte de la Universidad Autónoma Mexicana. Ha publicado poesía en revista De-LirioTlacuacheBuenos Aires Poetry, Revista Hispanoamericana de Literatura, Poesía entre Neón, Atunis Galaxy Poetry, Vertedero Cultural, Poesía en Órbita y Círculo de poesía. Algunos de sus poemas han sido incluidos en las antologías Tiempo Fuera y Poetas jóvenes de la UAM.

1 comment on “Todo lo que me nombra o me evoca: Rafael Vega Albela

  1. Incompleta.

    me encanto esta entrada!

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