Sexto número

Remedio chino e infalible contra la acidez, de Jonathan Mirus

Szae, gerardo, Sutra B l u e s, Ediciones awita de chale, México, 2021, 35 pp.

Mientras escuchaba la voz de Tom Waits en Closing Time (1973), no dejaba de pensar en los sonidos pantanosos con los que creó su música y cómo desde su disco debut agregó elementos distintos y en apariencia irreconciliables a lo largo de su carrera. Sin embargo, la profundidad que emana de su pecho, así como los sonidos clásicos del blues parecen entrar siempre en armonía. En él se encuentra lo más brillante y lo más oscuro de la cultura americana.

Pensando en ello, recordé al poeta Gerardo Szae quien recientemente publicó algunos de sus poemas bajo el sello independiente de Ediciones awita de chale, nombre que, si bien no evoca a la creación poética, comparte la obra de algunos autores que suelen catalogarse independientes, por lo que la edición se centra más en el apoyo que se les da a quienes, al menos en apariencia, se catalogan como disidentes. A cada regla corresponde una excepción, tal es el caso de este poeta, pues, más que entrar dentro de un grupo concreto de oposición a algo —como los infrarrealistas o los beats—, su búsqueda poética lo hace acercarse a toda forma que pueda contestar lo más intrínseco en él.

El nombre que reúne los cinco poemas es Sutra B l u e s (2021), lo primero que se piensa es en una larga tradición religiosa, no obstante, lo que se resalta en los trabajos es el ritmo musical que Szae busca ejecutar. A lo Waits, se encuentran diversas posturas que en sí mismas no parecen tener correlación, a decir, a soledad intrínseca del individuo bajo la construcción de imágenes dentro de un entorno guanajuatense, atravesadas por la música americana de medio siglo, como el rock psicodélico, el folk, el jazz y, evidentemente, el blues.

El poema que da título a la recopilación abre las páginas a través de la repetición, como los suttas en el budismo —en este caso, por acumulación de conjunciones— los cuales contrastan con los aforismos clásicos de la tradición hindú. Las formas del Sutra se atraviesan con el blues. Así, el poeta, comienza un viaje en el que intenta crear una intersección con estos elementos. En todo caso, la pregunta sería ¿es Guanajuato una suerte de Crossroad de Robert Johnson? Lo cierto es que Guanajuato es un protagonista del viaje que emprende el poeta silaoense, no sólo a su propia tierra presente en la compilación, sino también en las calles y callejones de la ciudad capital. A esto se suma una voz lirica terriblemente solitaria, como un pájaro enjaulado en el pequeño espacio en el que vuela, así también lo hace voz lirica con la música, un pequeño espacio en el que es libre, pero nada más. La jaula hecha con los cerros que rodean la ciudad —y con ella a la soledad que enuncia— se ve en “Scorpion Reef”, segundo poema de Szae: “Pero no estás / ni en la peligrosa falda de la bufa / en la que me han dicho, / siempre estas abajo” (pp. 16-17).

Lo mismo se intenta “Brainmoon Fu z z” que, al igual que un sucio pedal eléctrico, irrumpe para ser el tercer poema. Aquí el sonido pierde ante el ruido, el poeta pierde la postura de loto que busca con su Sutra, en cambio sólo queda solo, a diferencia del cuarto poema, “Big j a z z”, donde la música toma la pauta sin dejar de lado la construcción de imágenes a través de dos movimientos: en el primero un exiliado, como lo es Pie Grande, recorre la embriagante y vacía noche, para que en el segundo movimiento la voz lírica se vea a través del monstruo: “es acostumbrarte a hallarte / nadando / en la fuente de mi juventud / a la misma hora” (p.  28).

Flanear es, en no pocas ocasiones, recorrer los recovecos más oscuros donde el yo se desplaza entre movimientos internos y externos, como una calle abandonada buscando ser transitada, de nuevo significar: “& sumar el número de intentos / conseguidos / […] / en su totalidad / la geometría salvaje del hueso / agrio de Silao / donde nunca me encontraron. (pp. 30 – 31). El viaje llega a su fin con “Otra maquina blanda”, un despertar a la realidad donde la jaula montañosa sigue ahí o en otras palabras “una realidad que nunca comenzó a existir / pero que has llorado”.  (p. 35.)

Sin duda, Gerardo Szae sabe crear imágenes y ritmo. Más que la tradición beatnik que busca imponerse, lo cierto es que hay mayor profundidad en el fondo que el ruido en el que se envuelve el poemario. Como una melodía que trata de reconciliar todas las posturas, el poeta falla, pero no por falta de técnica —se sabe, la tiene—. Tom Waits entendió que, en la música, así como en la poesía, se tiene que reconocer de dónde se viene y hacia dónde se va, aunque la intersecciones del camino puedan llevar por cruces inesperados y por posturas que parecen irreconciliables. La labor, se entiende, es romper las fronteras, pero hay algo que siempre debe llevar la batuta.

La postura beatnink, sólo sirve para trasladarse de un mundo a otro. Szae, poeta inteligente, debe reconocer si dará su paso más allá y si será hacia la crueldad del realismo sucio que bien trabajado ha dado lo mejor de Miller, Fante o Bukowski, o dar un paso hacia atrás en el tiempo y recordar algo de lo que están impregnados —en el fondo— algunos de estos poemas, las imágenes de William Carlos Williams y la musicalidad de la palabra de cummings. Muchas veces la voz lirica del poeta observa al exiliado como lo hace Nick Carraway, no cabe duda, entonces, que esto seres extraños de los que disfruta Szae dejan entrever algo más profundo y sincero dentro del poeta. La perdición que ve en los otros y en su entorno puede ser la misma que vieron Eliot y Fitzgerald.

Por estos vestigios de ceniza que se encuentran entre el humo y la música, más que un “producto altamente corrosivo” como se dice en el prólogo que abre la edición, Sutra B l u e s es más un remedio chino e infalible contra la acidez, en el que Szae se siente cómodo. habrá que esperar los caminos por los cuales se decantará, mientras tanto, vale perderse a través de las referencias musicales y tratar de entender a este espectador de la decadencia guanajuatense, esperando, claro, que no se quede ahí.

Jonathan Mirus

Jonathan Mirus

(León, 1993) Estudiante de Letras Españolas de la Universidad de Guanajuato. Es cocreador y editor de la revista El Gallo Galante (https://elgallogalante.com/). Ha colaborado en la revista Polen de la Universidad de Guanajuato, Cardenal y Punto de Partida, UNAM.


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