Quinto número

Paisaje del mar y luna, Daniel Isaí Mata Velázquez

Paisaje del mar y luna, Viva Voz.

Siento un deseo que no cesa

un ardor que en la inquietud respira

un hambre fatal que no fallece

un ansia constante y paulatina

sombra que se distorsiona y crece

en el espacio sin par de una mentira.

Un viento que el mar destila

en voz de golpe huracanado

cuyo estruendo mi pensar delira

como un sonoro eco del engaño.

Qué ardor más profundo

qué vil deseo tan poco vano

qué incesante apetito que en su afán cansa

de querer saber lo que no se sabe

y brillar más de lo que se alcanza.

Sentido angustioso, pero suave

que con el fácil dormir

y el dulce sentimiento

en astro, en savia y en marfil

convierte en su acto al pensamiento.

Y siento que mi fallecimiento

es epítome del imposible sueño,

impulsor del dichoso encuentro

con los dones del mito como dueños;

porque entre más enervado duermo

más viva se vuelve la visión

de la ficción y el ensueño.

Entre más guarde privarme con la mano

y dirigir con bandera la pena y el miedo,

más vivo se dibuja del velo el país lejano

que entona en mí un ambiente mío sereno:

el puente que pulula las entrañas

del silencio de un vaivén eterno,

el rostro del otro que no es otro

sino uno y yo en la distancia el otro,

el hielo intacto sobre el viento

y el viento oscuro sobre el fango

de la ciénega, el adoquín y el lago…

ay, sus lagos… sus lagos de cristal amargo

sus lagos de verde cicuta prendidos

lamen sus rocas suspendidas

en el aliento frío

de un árbol que duerme,

del muro que se dobla en un gigante

herido en el desastre de la muerte

y el brío, exhausto, de un paisaje de mil lunas.


Es majestuosidad de un huracán

o un tropical y silvestre torbellino.

El primero por tremendo,

por inquisidor despavorido;

bellos vientos causan sus nubes

al dejar ver el sol transgredir

las entrañas de sus urbes,

de su negra frente y furioso ardid.

Y frenético torbellino

porque de la caída prende

el arco de Dios con sus colores

etéreos en la amalgama de la luz.

Y ahí en el luminoso viento,

ahí ajeno y en el éter dormido,

me vi de nítida plata

sin textura, pero con brillo.

¿Era del agua mi piel o del delirio?

¿Era acaso de mi cáncer la vida?

Era en sí barrera deslucida,

un cristal de argento marino

con peces de boca en esquirla

bajo unos ojos de albor dormido.

Peces de luz y de espina

Peces de mirar latente y ciego

que en mi costa bajo el mar azul sin alga

y con la luz de crisantemo que me levanta

en el lunar paisaje de un distante cielo

encienden en el horizonte el alba.

Peces de luna y mar aislado

de fuente dorada sin reclamo

que en circular e íntimo nado

transitan sin sombra en mi mano,

en mi tronco de espejo acuoso,

en mis piernas sin la mancha parda,

en mis órganos en reposo,

en el cadáver sin textura más hermoso

y sin el eco externo de una mirada;

un cuerpo, en fin, que ha perdido la frontera

y que, sin la mar, es nada.

Daniel Isaí Mata Velázquez

Daniel Isaí Mata Velázquez

(Aguascalientes, 2000) Estudiante de séptimo semestre de la Lic. de Letras Hispánicas en la BUAA. Ocupó el cargo de editor de la revista literaria y estudiantil Pirocromo de agosto de 2020 a agosto de 2021. Ha sido publicado en la revista El Gallo Galante y Campos de Plumas. Obtuvo el segundo lugar en la categoría de poesía en el concurso de talentos universitarios 2020 de la BUAA. Participó como ponente en la tercera edición del Congreso Nacional de Creadores Literarios.

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