Quinto número

Escrito sin sentido sobre un corazón ajeno, Emilio Palomino

¿Cómo te sientes hoy?

¿Tú te sientes feliz?

¿Tú te sientes triste?

¿Tú te sientes enojado?

¿Tú te sientes con miedo?

Si dices que te sientes triste, enojado o con miedo

está bien.

Te entendemos.

Después de lo que te pasó

es normal que te sientas así.

Si tú te sientes triste, enojado o con miedo

puedes simplemente decir que tú te sientes mal.

Ahora dinos:

¿Con quién te sientes mal?

¿Tú te sientes mal con tu mamá?

¿Tú te sientes mal con el juez?

¿Tú te sientes mal conmigo?

Si te sientes mal con alguna de estas personas está bien.

Pero no te preocupes.

Tu mamá, el juez y yo estamos aquí para ayudarte.

Sabes que estamos aquí para ayudarte.

Así que por favor dinos

¿Cómo fue que esto pasó?

Así fue como José empezó su entrevista con la psicólogo de la corte.

No era la primera vez que a José lo hacían hablar con una psicóloga,

pero era la primera vez que José sentía tanto miedo.

José tenía tanto miedo porque sabía que

Si José decía algo que no tenía que decir

Podían meter a Diego a la cárcel

Y José no quería que metieran a Diego a la cárcel.

José conoció a Diego hace pocos meses.

Tres meses según el calendario que José tenía en su habitación.

José lo sabía porque el día cuando conoció a Diego

José marcó el cuadrito de la fecha con un corazón de color azul.

José era compañero de Diego en sus clases de natación

A donde la mamá de José lo había inscrito.

A los dos, José y Diego, les gustaba mucho nadar.

Diego tenía catorce años y José tenía doce.

Diego era más alto, más delgado y la gente decía que era muy guapo,

pero José era más rápido y más fuerte,

y José siempre ganaba las competencias.

Así que Diego a veces se enojaba con José porque no le podía ganar.

A veces Diego hacía chistes en contra de José frente a los demás nadadores

y, a veces, los demás nadadores se reían.

Pero a José no le importaban los chistes de Diego,

porque cuando Diego se le acercaba a José para burlarse de él

José podía verlo más de cerca y oler el cloro de la alberca sobre el pecho de Diego

y ese olor y esa imagen hacían a José sonreír.

Por eso José se puso tan triste el día que se encontró a Diego sentado solo en una banca.

José se acercó a hablarle para saber si estaba bien

y se dio cuenta que ya no olía a cloro.

Olía a sal.

Diego le dijo a José que se fuera,

pero José no se quiso ir.

Diego era su amigo y José sabía que cuando un amigo se pone triste

siempre hay que estar a su lado y preguntarle cómo está.

Los dos se sentaron en silencio durante muchos minutos

y, cuando Diego se levantó, le dijo a José que se disculpaba por haberle hecho chistes

y le dio un abrazo a José,

y José se puso feliz porque su amigo ya no olía tanto a sal.

A partir de ese día, José y Diego se sentaban a platicar después de sus clases de natación.

Aunque Diego era el que hablaba más.

Hablaba de sus materias en la escuela, de su guitarra y le enseñaba videos graciosos en el teléfono.

José se reía y se sentía feliz.

A veces, José también hablaba y le contaba a Diego del pez betta que tenía en su sala, de las series que veíacon su mamá

y del calendario que tenía en su habitación.

Un día, Diego le contó a José de su compañera de clases que le gustaba

y José se sintió enojado

Así que José se levantó y no quiso hablar con Diego durante muchos días.

Siete días, según el calendario de José.

Pero después de siete días, Diego se le acercó después de clases y le preguntó por qué estaba enojado.

José no supo qué responder

así que José le dio un abrazo

y Diego lo abrazó también.

José olió el cloro de la alberca en el cuello de su amigo

y lo quiso besar

Pero Diego no quiso y soltó a José.

José pensó que Diego se iba a enojar,

pero Diego solo se rió y le dijo a José un chiste

que José no entendió.

Al día siguiente, Diego invitó a José a su casa a cenar

y José se sintió muy feliz.

José le pidió a su mamá que le ayudara a vestirse bien

y su mamá le compró a José una camisa y lo fue a dejar a casa de Diego.

Cuando José y su mamá llegaron a casa de Diego,

José les dio un abrazo a los papás de Diego.

Ellos le agradecieron a José por aceptar la invitación

y se quedaron hablando varios minutos con la mamá de José.

Mientras sus papás hablaban en la puerta,

José y Diego fueron a la sala a jugar un videojuego.

Luego los dos cenaron con los papás de Diego

y ellos le hicieron muchas preguntas a José,

y lo trataron muy bien.

Cuando terminaron de cenar, los papás de Diego llamaron a la mamá de José

Y ella pasó a recoger a su hijo.

Esa noche, José y su mamá durmieron muy felices

y los papás de Diego también.

Muchos días después,

nueve, según el calendario de José,

Diego quiso volver a invitar a José a cenar

pero sus papás le explicaron que eso no era una buena idea

y Diego se puso triste, pero entendió.

José y Diego siguieron hablando después de clases de natación,

Pero Diego cada vez se quedaba menos tiempo con José.

Decía que tenía mucha tarea de la escuela.

Pero José sabía que eso era mentira.

Un día, José tuvo un sueño muy malo

en donde su mamá desaparecía

y nadie nunca lo volvía a querer.

Entonces quiso decirle a su amigo Diego sobre su sueño,

pero su amigo le dijo que mejor le contara otro día porque ya se tenía que ir.

Al día siguiente su amigo no fue a las clases de natación.

Y José se sintió triste.

Y José se sintió enojado.

Y José se sintió con miedo.

Muchos días después,

cinco, según el calendario de José

Diego regresó a clases de natación

y José no le quiso hablar,

y Diego tampoco le quiso hablar a José.

Pocos días después,

tres, según el calendario de José,

Diego se acercó a José antes de empezar la clase de natación

y le pidió a José si podían hablar un rato.

Así que ni Diego ni José entraron a la clase de natación

y el entrenador se preocupó mucho por José.

Cuando la mamá de José lo fue a buscar después de la clase,

La mamá de José sintió mucho miedo y, junto con el entrenador, lo buscó por todos lados.

Al final de la búsqueda encontraron a Diego y a José

abrazados en una esquina detrás del edificio.

Diego se había quedado dormido

y José seguía con los pantalones abajo.

Muchos días después,

sesenta y siete según el calendario de José,

José seguía en espera de su evaluación por la psicóloga de la corte.

José esperaba haber dicho las cosas correctas

porque no quería que un juez mandara a Diego a la cárcel.

El último día de su evaluación de dos semanas

su psicóloga le quiso hacer una pregunta

y José no supo cómo debía de responder,

así que, cuando la psicóloga de la corte le preguntó a José qué sentía sobre lo que había pasado

José solamente dijo que no sabía.

Que sobre lo que había pasado

José ya no sentía nada.

Emilio Palomino

Emilio Palomino

(San Luis Potosí, 1997) Escritor potosino publicado en 30 revistas, a nivel internacional.

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