Cuarto número

U M B R A L E S: Luis Paniagua

[ciertos hábitos de las habitaciones]

3. las claves del cerrojo

Nunca nos detenemos

a mirar la puerta que nos guarda.

Echados los pestillos en la noche,

calzadas las pantuflas,

vestida la pijama,

confiamos en que esos

mecanismos sencillos

(minimalismo puro)

nos mantengan a salvo

de cualquier contingencia.

A veces repasamos mentalmente

los cerrojos, las vueltas de la llave,

como si leyéramos, de repente

algún tipo de ensalmo.

Divididos afuera del adentro

con un simple giro,

una torsión de la muñeca que,

bien mirado,

cerca queda de ser santiguamiento.

[esto que digo no es lo que parece]

Tú y yo no sabemos leer mapas

ni seguir instrucciones

(los señalamientos,

en nuestro caso,

son una flora extraña),

pero entre los tenues oasis

que dibuja el calor

en el asfalto

podemos distinguir

el grano de paja.

(En el valle del silencio,

el eco se deshace en trabalenguas.)

Cuando subimos al auto

procuramos siempre

rumbos desconocidos

(somos como dos dados que corren

sin conocer la cifra última).

Nos gustaría ir hacia el norte, por norteados.

Para guardar la calma, te digo:

“No estamos perdidos.

Todo camino es una desviación.

Veinte años tardó Ulises

en regresar a Ítaca.

Nosotros solo llevamos

treinta minutos de retraso”.

Para conocer más sobre el poemario:


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