Segundo número

La poesía sin poesía. Una aproximación al texto de Johannes Pfeiffer

Johannes Pfeiffer (1902-1970) estudió alemán, historia del arte y filosofía con Husserl, Heiddeger, Herman Nohl, Karl Jaspers y Friedrich Gundolf. Su tesis El poema lírico como entidad estética (Das lyrische Gedicht als ästhetisches Gebilde) fue publicada en 1931. En el periodo de 1933-1935 se desempeñó como profesor en el Centro de Educación para Adultos (Volkshochschule) de Bremen, que interrumpió cuando el Centro fue incorporado a los Talleres de Educación Popular (Volksbildungswerk) debido a una falta de compromiso nacionalsocialista. De 1935 a 1939 trabajó como académico privado. Especialmente después de la guerra, Pfeiffer fue conocido por sus numerosos trabajos literario-científicos y filosóficos, entre los que se encuentran Existenzphilosophie (publicado en 1933 y en 1966 bajo el título Existenz und Offenbarung), Umgang mit Dichtung (de 1936 y con ediciones posteriores), Über das Dichterische und den Dichter (1956) y Wege zur Dichtung (publicado en 1952 y en 1969).

Umgang mit Dichtung, que podríamos traducir como “Tratar con Poesía” (en mayúscula) es la obra donde confluyen sus indagaciones tempranas sobre la esencia de la poesía y su relación con la filosofía de corte existencialista –o mejor, heideggeriana– mediante un análisis estructural de poemas líricos de la tradición alemana, y a través del empleo de un lenguaje sintético y accesible para un público no especialista en El ser y el tiempo (1927); en otras palabras, para todos. La razón se debe a su origen, pues fue escrito con base en una serie de conferencias que Pfeiffer pronunció entre febrero y marzo de 1934 en la Universidad Popular de Bremen. Dice el autor en su prólogo de 1946 haber escrito el ensayo para “cuantos tengan dispuesto el ánimo y abierto el corazón”.

En 1951 aparece la primera edición íntegra en castellano publicada por el Fondo de Cultura Económica, bajo el título La poesía: hacia la comprensión de lo poético, reeditada en 1954 y 1959. La traducción corre a cargo de Margit Frenk Alatorre, flamante folclorista del Colegio de México. Destaca su labor por incluir las traducciones de los poemas originales de Claudius, Hörderlin, Schröder, St. George, Goethe, Trakl, entre otros ejemplos equivalentes en la tradición literaria de nuestro idioma, lo que facilita la explicación de Pfeiffer, al tiempo que acerca la obra en su totalidad al lector. En 2018 llega a su décima reimpresión con el número 41 de la colección Breviarios del Fondo de Cultura Económica, diminuta biblioteca de grandes libros de la que disponemos los mexicanos, como un contraste con sabor añejo respecto a las propuestas contemporáneas en materia de poéticas y teorizaciones sobre poesía y literatura.

Inmersos en la incertidumbre de las preguntas sin respuesta, de la imposibilidad por acudir a un absoluto que nos diga de una vez por todas qué es la poesía, requerimos estar atentos a los enfoques más divergentes que arrojan luz sobre la cuestión. Si la poesía es algo, puede ser comunicación sobrevalorada, desfogue de almas dolientes, malestar de los prosistas, motivo para brindis y homenajes; no lo sé. Escuchamos vociferar (desde círculos intelectuales, contra-culturales, pseudofilosóficos, de poetas buenos y malos, institucionales, anarquistas, religiosos, etcétera) que la poesía es algo. Con dicha certidumbre podemos empezar a destejar la propuesta del teórico Johannes Pfeiffer.

Lejanos para el tiempo —que todo lo derrumba cuando no arrastra—, en aquellos días de entusiasmo lírico de la modernidad temprana; de Dios en el pecho del hombre en busca de su esencialidad y la del mundo en la poesía, el siglo xx vio morir la idea de un origen y un destino; la idea de la unidad del sujeto y del arte que lo refleja, pero, sobre todo, la idea de totalidad. Lejanos pues, para el tiempo, pueden ser aquellos días, pero no para la imaginación que audaz y ciegamente vuelve a creer por unos instantes, mientras leemos las páginas de La poesía.

La poesía, Johannes Pfeiffer

En su introducción, nos dice Pfeiffer: “La poesía es arte que se manifiesta por la palabra”,1 lo que significa que su especificidad, al interior de las artes, está en su instrumento: la palabra, y por ello es ahí donde buscará su esencia. Reconoce a su vez una ‘configuración’ particular de la palabra en la poesía, que la vuelve intraducible, y por ello opuesta a la palabra en cualquier otro contexto. Ritmo y melodía, imagen y metáfora, temple de ánimo y estilo, son para nuestro autor los elementos clave en dicha configuración. Destaca la forma por encima del contenido, o mejor, la forma como equivalente al contenido. Disiente de sus compañeros alemanes, por un lado, que apelan a buscar en el texto poético una profundidad enterrada bajo el tejido verbal, y por otro, de quienes califica de “diletantes” y “esteticistas” que atentan contra la unidad de fondo y forma, tan cara a su exposición.

“No importa el contenido que una poesía pueda ofrecernos, ni las ideas que exponga, ni la ideología que profese; lo que importa es su realización verbal”2 asegura Pfeiffer, destacando además que su lector podría pensar que, en literatura (especialmente si hablamos de poesía lírica), nadie lee de igual forma una misma línea; por ende, no sólo importa la realización verbal del poema, también tenemos que considerar su contexto de lectura y de escritura. Pfeiffer tiene la razón. Demuestra una confianza excesiva en la configuración del lenguaje y, sobre todo, en la interpretación de su arte. Recordemos que escribe su ensayo durante la expansión del formalismo ruso por Europa –a través del Círculo Lingüístico de Praga–, como una reacción en contra de la tradición crítica en literatura que hasta principios del siglo pasado se había valido de la psicología y del biografismo de autor para abordar las obras.

Por el contrario, los criterios de valor que emplea Jonathan Pfeiffer en La poesía son estrictamente literarios: lo auténtico y lo inauténtico, lo original y lo no original, lo plasmado y lo meramente hablado en literatura, apoyado en su delimitación del mismo análisis estructural. Éstos lo llevan a describir la no correspondencia entre tema y forma como signo de inautenticidad, por ejemplo. Así, un poema de corte nacionalista en México, escrito a la medida del soneto isabelino, o del haikú, no tendría acierto. Con respecto a la segunda oposición, Pfeiffer sigue a Kierkegaard y trata a la originalidad como “peculiaridad y resolución de la Existencia”;3 en otras palabras, ser ‘único y diferente’, pero en serio. Un individuo original está necesitado de una expresión original en poesía que habrá de conquistar con trabajo de escritura, con técnica, hasta disponer de ella. Por último, Pfeiffer dirá que la poesía debe ser “plasmada” para no quedarse en la “sola afirmación de un sentimiento”.4 Para ello requerimos de la concreción de una forma verbal lúcida que muestre, más allá de decir lo que se quiere. No hay tristeza, amor ni deseo, que en un poema convenza sólo por nombrarse.

Achaca Domínguez Caparrós que nuestro autor confunda la poesía con la lírica. Me parece un error. Si bien concuerdo con la puntualización que realiza el crítico sobre la esencia de la poesía en Pfeiffer, que en resumidas cuentas comprende: 1) lo intraducible (por la importancia y significación del ritmo), 2) la absorción del qué por el cómo, 3) la presentación henchida de temple de ánimo, 4) la fuerza reveladora y la virtud iluminadora,5 hay elementos que podemos asociar con todos los géneros (aunque de manera especial con la lírica, sin llegar a confundir los propios de ésta, destacando sus cualidades representativas de toda poesía “verdadera”). Al respecto, comenta Pfeiffer:

La lírica nos enseña que es difícil utilizar la poesía como distracción, pues un poema lírico no es divertido, sino más bien aburrido. La lírica nos enseña que es difícil relegar la poesía a la calidad de sustituto de la vida, pues un poema lírico no es emocionante, sino más bien monótono. La lírica nos enseña que es difícil concebir la poesía como filosofía disfrazada, pues un poema lírico no es claro como el entendimiento, sino más bien un crepúsculo indeciso alumbrado por el temple de ánimo.6

Su concepto de lírica –que no subjetivismo puro ni preponderancia del pathos romántico sobre la materialidad mundana– recupera el germen común a toda poesía mediante una serie de “pobrezas” o rasgos típicamente negativos, que Pfeiffer observa en la lírica como ideales a alcanzar para el resto de los géneros. Un poema puede divertirnos, distraernos, hacernos pensar, pero dichas opciones, para el autor, no constituyen la esencia de la poesía.

¿Qué es poesía? se pregunta el lector al concluir estas páginas que pretendieron echar un vistazo al ensayo referido de Johannes Pfeiffer. Su respuesta metafísica más concluyente, “la atemperada revelación de nuestro ser más auténtico”, no nos satisface porque precisamente carece de poesía. Lo que sí nos provoca en conjunto con el resto de su ensayo, es una conciencia más aguda en el examen de los anaqueles de la biblioteca (que alguna vez mantuvieron cautivo a este hombre), así como el río caudaloso de libros de poemas que aparecen todos los días en México y en el mundo; “los demasiados libros”, diría Gabriel Zaid.


1 Pfeiffer, Johannes. La poesía. Introducción Trad. Margit Frenk Alatorre, Fondo de Cultura Económica, México, 2018, p. 15.

2 Pfeiffer, Johannes. La poesía. Hacia la comprensión de lo poético. p. 53.

3 Ibíd. p. 69.

4 Ibíd. p. 82.

5 Domínguez Caparrós, José, Teoría de la literatura, Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, Madrid, 2002, p. 152.

6 Ibíd. p. 90.


Bibliografía:


PFEIFFER, Johannes. La poesía. Trad. Margit Frenk Alatorre, Fondo de Cultura Económica, México, 2018.


DOMINGUEZ Caparrós, José. Teoría de la literatura, Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, Madrid, 2002.

Valentín Eduardo

Valentín Eduardo

(Culiacán, Sinaloa / 1994) Es egresado de Letras Españolas por la Universidad de Guanajuato. Su tesis de grado versa sobre la imagen de autor de Jorge Luis Borges con énfasis en el periodo de 1974 a 1981, particularmente, en La cifra (1981). Desde 2015 ha publicado obra literaria y académica en: Golfa Página SalmónPez CiegoRuletaRusa.mx, memorias del Congreso Nacional de Creadores Literarios (CONACREL) y del Congreso Nacional de Estudiantes de Lengua y Literatura (CONELL), entre otros. Becario del Festival Interfaz en 2018. Recientemente publicó su poemario “Día Cero” (Editorial Crisálida, 2020).

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